Consejos para padres para estimular el lenguaje de sus hijos

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Consejos para padres para estimular el lenguaje de sus hijos

Para ayudar a los niños a desarrollar el lenguaje como padre, es importante proporcionarles una entrada de lenguaje frecuente, clara, simple y precisa. Los padres, o cualquier persona educadora, tienen que hablar tanto y muy bien. A menudo, los niños pequeños que todavía no verbalizan inhiben al adulto con mayor facilidad. Pero, así como el cuerpo necesita una alimentación sana, bien cocida, bien presentada, para nutrirse y crecer, así el entorno lingüístico en el que está inmerso el recién nacido debe ser cuidado, pensado y alimentado.

El lenguaje se desarrolla primero en la mente del niño a través de la escucha y luego se convierte en expresión. Alrededor de los 30 meses se produce lo que se define como «la explosión del lenguaje». Cuanto más ordenados, claros e interesantes se muestren los estímulos lingüísticos que ofrecemos, mejor será la organización mental del niño y más ordenada y clara se mostrará la exposición lingüística al ser revelada. Desde en Encanto Masculino, les compartimos los mejores tips para estimular el lenguaje en niños.

Mejores consejos para que un padre estimule el lenguaje de su hijo

La narración

Cuando somos padres de un bebé recién nacido, no es fácil encontrar de qué hablar.  Con la narración de lo que hacemos, además de ser un excelente ejercicio de desarrollo del lenguaje, es una estrategia perfecta para tranquilizar al niño durante las operaciones de higiene personal que muchas veces lo asustan: el sonido tranquilo y dulce de la voz de papá transmite confianza y tranquilidad al niño.

La nomenclatura

Cada objeto tiene su propio nombre. Cuando le damos un objeto al niño, ya sea un cucharón, una marioneta, una cuerda, un corcho, una pelota, llamémoslo lentamente, ofreciéndole al niño solo el nombre del objeto: Pelota, en lugar de, mira ¡Una bola! ¿Te gusta? ¿Quieres llevártela? ¿Me la darías? ¿Me lo quedo? La claridad y la sencillez permiten al niño conectar objeto-sonido de forma inmediata y rápida. Todo el resto de la comunicación puede tener lugar a través del lenguaje no verbal.

Las historias cortas

Desde la infancia, a los más pequeños les encanta escuchar a papá hablar sobre las cosas que han vivido o sobre los planes para el futuro cercano. Por ejemplo, contarle al niño sobre el día que pasó durmiendo puede ser una estrategia válida para hacerlo relajarse, escuchar con atención todo lo que ha visto y reelaborar las experiencias. “Papá y mamás se despertaron antes que tú esta mañana, luego fueron a la cocina y pusieron la mesa para el delicioso desayuno. Mamá llenó la cafetera con agua y café, papá calentó la leche. Entonces papá escuchó tu voz llamando papá así que salió de la cocina, llegó a tu habitación, te abrazó fuerte y te dijo: Buenos días.

Las características de las oraciones

Es importante que el lenguaje que usamos con los niños pequeños no sea complejo y tenga una estructura simple. La sencillez no debe buscarse en los términos elegidos, sino en la estructura: frases cortas, con sujeto, predicado y complemento. Cualquiera sea el momento en el que te dirijas al niño, los mensajes breves y claros se aceptan y comprenden con mayor facilidad.

Es mejor decirle al niño: «Sal de la bañera: se acabó la hora del baño», en vez de decirle: «Ahora sal, que ya no es el momento de estar en la bañera, llevas mucho tiempo en ella, no podemos postergarlo más, ya es hora de secarnos y vestirnos». Si las frases son demasiadas, complejas y confusas, el niño no se concentra en lo que realmente tiene que hacer en ese momento. Démosle una pieza de información a la vez para que se entienda mejor y se responda con mayor facilidad.

Aceptación y manejo de la frustración prelingüística

El período inmediatamente anterior a la explosión lingüística, alrededor de los 24 meses, es un período de gran frustración para el niño, porque su pensamiento ahora es preciso, las correspondientes conexiones objeto-sonido son seguras y claras pero la producción lingüística aún no está completa.

Esta discrepancia puede generar frustración en el niño y es importante acoger su malestar pronunciando siempre bien las palabras y permitiéndole observar nuestros labios, para poder ayudarlo. Inclínate siempre ante su mirada cuando hablemos, esto le permitirá reforzar el mensaje auditivo al observar nuestra pronunciación.

La ausencia de corrección

Nunca corrijas directamente a un niño que no pronuncia correctamente, nunca pidas a un niño que hable cuando no se sienta listo para hacerlo. Nuestra intervención nunca debe ser directa, sino siempre en términos de ayuda indirecta. ¿Nuestro hijo pronuncia mal ciertos términos, tartamudea o habla muy poco? Entonces podremos ofrecerles más y mejores oportunidades de escucha, leemos más, charlamos más fácilmente y con más frecuencia.

El tono de la voz

A costa de luchar un poco, pronunciamos bien las palabras, deletreando con calma cada sílaba, y ralentizamos cuando nos dirigimos a los niños. Este modo favorece la concentración y, por tanto, los niños están más atentos mientras les hablamos. Además, un mensaje claro, simple y bien expuesto es más fácil de entender, almacenar en la mente y procesar.

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